Videodanza
- Máquina y cuerpo
Diego
Carrera, Magalí Pastorino. FIVU 2005
¿A
qué le llamamos videodanza? La propuesta es ubicarnos en una
posición indecidible para la reflexión, es decir, no se trata
de video y tampoco de danza.
En
las últimas décadas, de fin de siglo pasado, algunos artistas
del videoarte europeo y estadounidenses, consideraron el cuestionamiento
de los puntos de vista con respecto al problema de la verdad,
en relación a la cuestión del cuerpo, el espacio y el espectador.
Un ejemplo, es la propuesta de Garry Hill, que propone una acción
la cual es registrada desde diversos puntos de su cuerpo, acompañando
su gestualidad en el movimiento. Así, se ataba cámaras (llamándolas
"máquinas de visión") y registraba la gestualidad
de pies, manos y cabeza. Tamara Cubas, hace dos años, en Montevideo,
proponía una performance en la cual integra movimiento y representación,
mediante dispositivos electrónicos que traducen su movimiento
en imagen y sonido. Estos sonidos en la improvisación, son integrados
como "fondo musical" de su propuesta. De alguna manera,
el videoarte como laboratorio estético y técnico, se desbordó
produciendo otros campos de investigación, de otras miradas
sobre la cuestión que funda la institución artística moderna,
es decir, la representación (cuerpo, espacio, movimiento, etc.).
Uno de estos campos que producen y transforman la producción
de miradas, es el de las prácticas artísticas de la videodanza.
En
este sentido se puede pensar en la apertura de otro campo de
visibilidad en el territorio de las prácticas artísticas, que
interpela a las categorías ya clásicas: el video y la danza.
Este aporte reflexivo se instala en una posición indecidible,
para poder afirmar que no se trata de decodificar la obra con
herramientas de una u otra categoría exclusivamente. En el otro
caso, la mera sumatoria de estos lenguajes nos llevaría al simple
registro de una coreografía o, por el contrario, a una acción
o movimiento que sucede en un momento dado.
El
abordaje estético de este territorio que llamamos videodanza,
promueve a la deconstrucción de las viejas nociones que sostienen
el tablero moderno, es decir, la cuestión de la autoría, la
narratividad y el carácter aurático de la obra de arte clásica.
Son insoslayables los aportes de Benjamín para detenerse a pensar
sobre lo aurático de la obra. Se refiere a la reflexión del
filósofo sobre cómo la técnica que reproduce puede aproximar
los objetos artísticos a un público de masas. La diferencia
que había entre el original y la copia se desvanece. Lo que
antes pertenecía a una elite, hoy puede ser accesible. Pero
el punto aquí, es que la técnica ya no es algo suplementario
o accidental de la obra, sino su esencia. La técnica, entonces
interesa cuando tiene la capacidad de abrir nuevas posibilidades
estéticas y nuevas relaciones con el espectador. Depara una
transformación en el campo de producción de subjetividad social,
y de este modo, el receptor cobra nuevo protagonismo, no ya
como un contemplador en el esquema clásico, sino como un espectador
activo.
El
videodanza, no es ni video ni danza. Quizás podría ser la inauguración
de una mirada que el video, como técnica, que le asigna al cuerpo
en movimiento. Este punto no es menor, tomando en cuenta que
este espacio de reflexión sobre las prácticas artísticas, comienza
a llamarse VIDEODANZA, tentando a conformarse en una nueva categoría
de lenguaje artístico. Así, el posicionarse desde lo indecidible,
es interpelar los límites de las categorías de lenguaje aludidas,
es suspender el cumplimiento del deseo, anulando el efecto de
clausura del concepto.
Lo
indecidible, se puede encontrar también en la reflexión sobre
los alcances y límites del media art de José Luis Brea. Este
autor define el media art, como "aquellas prácticas o producciones
creadoras y comunicativas que tienen por objeto la producción
del media específico a través del cual alcanzan a su receptor".
Pero
ésta definición, dice Brea, quizás sea "demasiado restrictiva
y exigente (sólo sería genuino media-art aquél que produjera
"medios" de comunicación, ni siquiera aquellas producciones
específicamente realizadas "para" aparecer en medios
de comunicación)". El autor nos propone que aceptemos una
concepción más amplia, para la que media art es lo producido
específicamente para su difusión y recepción a través de canales
mediáticos, un "dispositivo medial". La clave que
nos proporciona el autor es que el mismo objeto de arte (el
video) es a su vez vehículo de difusión, volviéndose necesario
definir lo que es el "video".
Vídeo
es un objeto, una cinta, un envase que contiene información.
Es obra en sí misma y es a la vez una máquina de producción.
¿dónde está entonces la bisagra que define un contenido del
video? La respuesta está en la edición, en el orden, en lo que
está y lo que no está en el cuadro, en el tiempo que disloca
el movimiento como otra mirada al cuerpo. Y también en el proceso
de producción de lógicas de sentidos del rectángulo de la cámara
al cuerpo en movimiento, que opera en el espectador, transformándole
la mirada y convocando a la experiencia del tiempo expandido,
es decir, del tiempo del acontecimiento inscripta en la imagen
técnica.
La
noción clásica de danza, como arte en escena implica la existencia
de un espectador, alguien que desde un punto en el espacio tiene
una visión totalizadora de lo que es el espectáculo. La herramienta
que el coreógrafo tiene para concentrar la atención del espectador
es casi exclusivamente el movimiento, el gesto puntual de una
mano que atrae la mirada del espectador, el recorrido de un
cuerpo en el espacio. Lo interesante es la nueva puesta en escena
del cuerpo a partir del video como ventana, que restringe, elige
y connota la mirada del espectador. ¿Cuáles son las posibilidades
de encajar el cuerpo en el rectángulo plano?¿el rectángulo como
prisión de una idea?¿Cómo límite al movimiento?¿cómo fabricante
de otros movimientos? Mientras que el video hace que el cuerpo
pierda su dimensión volumétrica, le añade la dimensión de lo
físicamente imposible: la cámara lenta, las distorsiones, las
reversas, la anulación de las leyes físicas del escenario dan
como resultado esta nueva dimensión: el videodanza o la danzavideo.
La noción de danza en este contexto, como puesta en escena de
una verdad, involucra una reflexión sobre el cuerpo. Y este
cuerpo a su vez, aparece con otras posibilidades de enunciación,
en el marco del rectángulo del video y en el recorte de la edición.
El cuerpo en el registro de su movimiento produce otras subjetividades,
otras maneras de pensar cuerpo.
Un
personaje de Magritte, de traje, bombin, paraguas y espejo baila
en dos escenarios de modo inimaginable: la playa, y la ciudad,
mientras que una leyenda hecha de directrices electrónicas,
cruza la pantalla intercalando al personaje, con mensajes. Este
cuerpo vibra, se tuerce, se rompe, bajo otras reglas que no
son las naturales, que son las propias de la tecnología utilizada.
Se puede afirmar tranquilamente que se trata de un cuerpo en
movimiento, pero lo ominoso radica en los movimientos, imposibles
para el ser humano. Parece ser máquina en el rectángulo de la
cámara y aparece como un ser más que humano, casi un autómata,
que por intermedio de la prótesis técnica, puede lograr lo que
no cabe en su naturaleza. Pero, ¿qué recorta la edición?¿qué
se inscribe sobre el cuerpo deseo? La idea de muerte, de repetición,
de loop, aparece como una posible clave del cuerpo. Cuerpo de
muerte. Lo inefable para el hombre que se pretende inmortal
se despliega en este rectángulo, sobresemantizado por imágenes
que aparecen en cuadros simultáneos. De este modo convoca pensar
la cuestión del cuerpo del video como el acto de borrar las
fronteras que las disciplinas humanistas hicieron posible. Deleuze
y Guattari (1980) dirán que "El cuerpo sin Órganos no hay
quien lo consiga, no se puede conseguir, nunca se acaba de acceder
a él, es un límite. Se dice: ¿qué es el CsO? - pero ya está
en él, arrastrándose como un gusano, tanteando como un ciego
o corriendo como un loco, viajero del desierto y nómada de la
estepa. En él dormimos, velamos, combatimos, vencemos y somos
vencidos, buscamos nuestro sitio, conocemos nuestras dichas
más inauditas y nuestras más fabulosas caídas".
Porque
el cuerpo es. Discurrir sobre cuerpo es interpelarlo desde una
Razón disciplinaria (biología, sociología, psicología, etc.)
en el caso de las imágenes de videodanza, cuerpo es interpelar
al lenguaje, sus límites, su formas de producción de verdad.
Quizás, la estrategia de subversión de miradas del registro
de video, al orden hegemónico, opera en estas prácticas artísticas
que extienden el horizonte de significaciones del llamado Cuerpo,
ya naturalizado, y lo fuerza a su ampliación, le hace reconocer
otros posibles sentidos de habitar, encarnar. El cuerpo habita
prácticas sociales que acuerda y modifica. Instala un territorio
semantizado e histórico o repite escenarios en donde desplegar
la dramática, los acontecimientos vitales, los probables, es
una producción subjetiva que se pone en juego en el entre sin
clausurarse, sin darse un único destino. Pliegues que advienen
al encuentro múltiple con el espectador - co creador.
En
este sentido, Octavio Paz (1973), haciendo referencia a la frase
paradigmática de Duchamp, "el espectador hace al cuadro".
Dice Paz, "Según esta declaración, el artista nunca tiene
plena conciencia de su obra. Entre sus intenciones y su realización,
entre lo que quiere decir y lo que la obra dice, hay una diferencia.
Esa "diferencia" es realmente la obra. El espectador
no juzga al cuadro por las intenciones de su autor sino por
lo que realmente ve; esta visión nunca es objetiva: el espectador
interpreta y "refina" lo que ve. La "diferencia"
se transforma en otra diferencia, la obra en otra obra. A mi
modo de ver la explicación de Duchamp no da cuenta del acto
o proceso creador en toda su integridad. Es verdad que el espectador
crea una obra distinta a la imaginada por el artista pero entre
una y otra obra, entre lo que el artista quiso hacer y lo que
el espectador cree ver, hay una realidad: la obra. Sin ella
es imposible la recreación del espectador. La obra hace al ojo
que la mira... (...)una obra es una máquina de significar. En
este sentido la idea de Duchamp no es enteramente falsa: el
cuadro depende del espectador porque sólo él puede poner en
movimiento el aparato de signos que es toda obra. En esto reside
el secreto de la fascinación del Gran Vidrio y de los ready-made:
uno y otros reclaman una contemplación activa, una participación
creadora. Nos hacen y nosotros los hacemos."
Festival
Internacional de Videodanza del Uruguay - 2005
Bibliografía
consultada
- Brea,
José Luis, La era postmedia. Accion comunicativa, practicas
postartisticas y dispositivos neomediales, Consorcio Salamanca,
Salamanca, 2002.
- Butler,
J. , Cuerpos que importan, Paidos, Bs. As., 2002
- Deleuze,
G. Guattari, F., Mil Mesetas, Pre-textos, Valencia, 1998.
- Foucault,
M. Teconologías del yo, Paidos, Barcelona, 1990.
- Guasch,
Anna Ma.,El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a
lo multicultural. Alianza Forma, Madrid, 2000. Seminario de
las Estéticas III, Elementos para el análisis de la obra de
arte, IENBA, Mdeo., 1994. (Publicación que forma parte del
desarrollo del curso).
- Paz,
O., Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp. Alianza
Forma/Era, Madrid, 1998.
|
|