Video danza: otro bastardo
en la familia
Publicado en: La Hoja del Rojas, Año VIII, Nº
63, Buenos Aires, 1995.
Rodrigo
Alonso, Curador Independiente, especialista en arte contemporáneo
y nuevos medios (new media).
"Tan bello como el
encuentro casual de una máquina
de coser y un paraguas en una mesa de disecciones"
Isidore Ducasse, Chants de Maldoror (París, 1868-1874)
Hacia comienzos de nuestro siglo,
un encuentro casual inspiraba al surrealismo, una corriente
artística llamada a convertirse en un referente clave del arte
de nuestro siglo. Hacia finales del siglo (es decir, hoy), otro
encuentro de similares características reclama nuestra atención
estética ¿Qué otra cosa podría ser la video danza sino un encuentro
casual, producto del curioso vínculo entre uno de los medios
de expresión más antiguos del hombre y uno de los más contemporáneos,
insospechado resultado de la puesta en común de un medio encarnado
en la materialidad del cuerpo con un medio descorporeizado,
abstracto, casi inhumano?
Algunos sostienen que ambos medios
comparten la condena al tiempo y al movimiento, y que por lo
tanto la unión es legítima. Dicen que el mismo estremecimiento
que recorre al cuerpo en la infatigable realización de sus ritmos
vitales atraviesa a la imagen videográfica, indisolublemente
ligada al barrido electrónico que la genera. Una conclusión
brillante que, como toda teoría estética, ha dejado de lado
al artista y a su obra. ¿A quién se le ocurre que el coreógrafo
pueda asimilar el barrido electrónico a sus ritmos vitales a
menos que reciba un shock eléctrico por la mala conexión de
un electrodoméstico?
Creo que el error está en querer
legitimar la unión video/danza a través de los elementos que
los unen cuando tal vez dicha unión se legitime en los elementos
que los separan obligándolos a complementarse.
Se dice que ambos medios comparten
el tiempo: otra falsa coincidencia. El tiempo del video no es
el mismo de la danza: cuando lo es (registros coreográficos)
en general no hay video danza. Las honrosas excepciones, como
siempre, confirmarán lo que ni siquiera es una regla. El video
permite reunir acciones coreográficas registradas en diferentes
momentos, eliminar los nexos que llevan de una postura corporal
a otra, y, por efectos de la edición, repetir movimientos en
forma idéntica o al revés, acelerar o dilatar acciones. Resulta
más claro que el espacio del video no es el de la danza, y que
allí puede ubicarse otro de los puntos de nuestro interés. Es
común en la video danza el trabajo coreográfico en lugares no
convencionales para la danza, pero también, la composición de
un espacio virtual o directamente la no referencia a espacio
alguno. El ojo de la cámara permite rescatar zonas, sectores
que muchas veces son corporales y que otorgan una dimensión
inusual al cuerpo como lugar a recorrer y/o habitar. Toda una
estética del cuerpo como terreno a explorar subyace en los primeros
planos o los detalles que el cuadro de la cámara recoge y la
pantalla coloca a nuestra consideración.
Y es que el cuerpo, ese instrumento
que es el presupuesto de la composición coreográfica, no ha
dejado de ser el protagonista. Un cuerpo que la mediación transforma
en superficie pero que paradójicamente parece más inmediato,
merced a los acercamientos de la cámara. Un cuerpo que exige
ser tratado de otra forma, por que el coreógrafo ya no debe
diseñar sólo su movimiento: también debe diseñar la mirada que
lo recorrerá. Esta coreografía de la mirada es tal
vez lo que mejor define a la video danza, lo que le da su fuerza
estética y lo que justifica su razón de ser dentro del arte
contemporáneo.
Y a pesar de todo lo que la justifica,
su paternidad sigue siendo problemática. Por un lado aparece
como el hijo no deseado del video arte (a su vez, hijo no deseado
de las artes plásticas y el video; éste a su vez, hijo no deseado
del cine, etc...) aunque su aceptación aumenta día a día. La
danza, por otra parte, parece no haberse enterado de su existencia,
aunque ha accedido con cierta indulgencia a cobijarla.
Si atendemos a la rápida aceptación
de otros híbridos contemporáneos (la comedia musical y la tortura
en los países latinoamericanos en El Beso de la Mujer Araña,
la colonización americana y el cine de Disney en Pocahontas),
creo que cierta resistencia inicial es un buen indicio.
Publicación original:
http://www.roalonso.net/es/videoarte/bastardo.php
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